Mi bella Bucaramanga

Hay cosas que a veces damos por sentado y resultan siendo las que, en conjunto, generan una buena vida. El sitio que escoges para vivir es tal vez una de las más importantes. De eso vengo a hablarles hoy, de lo afortunado que me siento al haber decidido radicarme en Bucaramanga, Santander, Colombia. Si, suena fácil pues en esta ciudad nací; pero durante más de 15 años viví en otros lugares conociendo otras culturas y aprendiendo de otras personas. Todos sitios maravillosos, fascinantes, llenos de magia e historias encantadoras; pero en todos siempre me sentí como un turista. Siempre fui un extranjero (no como el de Albert Camus, ciertamente); pero foráneo a fin de cuentas.

Siempre lo supe en el fondo. Siempre supe que regresaría a casa, a mi hogar. Con mi familia y mis amigos de infancia, la única gente que en verdad está con uno siempre. Y por más que esa decisión la tomé hace algunos años (casi que inconscientemente), solo reparé en eso hoy.

Fue una semana larga y tipo 2 PM, exhausto mentalmente, decidí salir a darlo todo en la bicicleta. Tomé rumbo hacia un cerro de la ciudad “El Santísimo”, conocido por su exigencia y su implacable nivel de inclinación. Sabiendo que en realidad esa no era la meta. Ese era sólo el comienzo; pero engañando el cuerpo, tratando de exigirle más, exprimiendo mi humanidad, novata en estas lides.

Subí, muy despacio al principio; creo que más despacio que nunca. Me sentía cansado, lento, pesado. Sin fuerzas; ah, pero eso si, con mucho ánimo! ¿Qué hice entonces? Bueno, así como enfrento mi trabajo, partí la tarea en mil pedazos diferentes y me enfrenté a eso. Una curva a la vez, una colina a la vez. Hasta que llegué a la cima, a unos 18 Km de mi ciudad. Me sentía muy feliz.

Considerando que anochecería pronto, decidí regresar de inmediato. Primero por la carretera nacional (unos 16 Km) y luego por mi ciudad, hasta llegar a casa. Ahí comenzó lo interesante. Recorrí las calles despacio, contento, mirando la gente caminar y sonreír, andando por unas nuevas ciclorrutas que resultaron estupendas. Llegue a casa bien, seguro y sobretodo feliz. Y entendí que este tipo de cosas son las que refuerzan que mi decisión funcionó perfecto, para mi (claro está). Amo mi ciudad y eso me hace muy feliz.

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